
El guitarrista, compositor e intérprete que fue líder de una de las bandas más geniales de la historia del Rock (DIRE STRAITS) se mantiene, como era de esperar, en su línea de alejamiento de cualquier vestigio de la que fue su banda (especialmente a base de hacer hincapié en las composiciones lentas y silenciosas), y vuelve con un álbum en el que combina los dos lados de su obra en solitario: Lo marcadamente americano y lo irlandés de corte celta.
El resultado es interesante, aunque en esta ocasión Knopfler lo tenía fácil: Bastaba con cualquier cosa que superase el decepcionante nivel de su anterior álbum, el flojísimo Kill To Get Crimson. Y eso, sin duda, se ha cumplido.
‘Border Reiver’ abre el álbum con aires puramente irish que nos retrotraen al álbum Golden Heart (1996). La composición recuerda a alguna otra del pasado de Knopfler en solitario, como puede ser 'Done With Bonaparte', aunque en versión más acelerada. La intro, de marcado corte celta, nos devuelve a momentos como los del inicio de ‘Darling Pretty’.
‘Hard Shoulder’: Una bonita balada cuya instrumentación recuerda, en buena parte de la composición, a aquella de ‘Are We In Trouble Now’, aunque con un enfoque vocal menos seductivo, y en general con un resultado no tan inspirado como el de la pieza final de Golden Heart.
‘You Can Beat The House’ vuelve la mirada hacia el Blues sin contemplaciones. Guitarras y piano desfilan con serenidad bajo una base rítmica inconfundible en una aproximación bluesera no tan habitual en un Knopfler que, pese a la evidente influencia que el género padre siempre tuvo en ex-líder de DIRE STRAITS, siempre se fue más hacia J.J CALE y esas reminiscencias Country y más propias del Tulsa Sound.
No es esto lo que ocurre en la lenta (y por momentos demasiado reiterativa) ‘Before Gas And TV’, en la que el sonido celta nos devuelve de nuevo a Irlanda, o en una preciosa y delicada ‘Monteleone’ puramente acústica en la que el piano y las guitarras van dibujando suaves arpegios y algún pequeño y sutil solo con un bello sintetizador como colchón de fondo.
‘Cleaning My Gun’ aporta uno de los pocos momentos realmente eléctricos y rockeros del álbum, con su ritmo a lo ‘Boom, Like That’ (álbum Shangri-La, 2005). Las guitarras suenan poderosas pero serenas, potentes pero con esa elegancia Knopfleriana tan limpia y carente de toda estridencia. Una buena composición. No pasará a la historia como un clásico, pero tampoco resulta en absoluto desechable.
El sonido agudo de la guitarra acústica base del inicio de ‘The Car Was The One’ puede recordar lejanamente a ‘Portobello Belle’ (DIRE STRAITS – álbum Communiqué, 1979), para una pieza lenta aunque ligera en la que la inconfundible eléctrica de “Mr. Romeo And Juliet” va haciendo interesantes dibujos en forma de pequeños punteos que son el complemento perfecto para la parte vocal.
En la bella ‘Remembrance Day’, por su parte, encontrarás texturas y formas de esas que dieron fama a la sublime ‘Brothers In Arms’ (del mítico álbum del mismo nombre publicado por DIRE STRAITS en 1985), aunque la cosa no llegue a las cotas de genialidad de tan eterno clásico.
El tema que da título al álbum, ‘Get Lucky’, es una gema acústica con un inicio en la línea de aquella ‘The Ragpicker’s Dream’, aunque el posterior desarrollo, con la sencilla pero elegante línea de bajo, la minimalista percusión a base de toques de charles, y la presencia de algún elemento de evocación celta, lleven el tema por otros derroteros. En cualquier caso, uno de los mejores momentos del álbum, sin duda.
En la recta final, ‘So Far From The Cycle’ es otro tema lento, de corte electroacústico, y que no aporta nada especial al asunto. No está mal, pero resulta perezoso y relativamente irrelevante en comparación con el resto del álbum.
En el final, ‘Piper To The End’ comienza, como no podía ser de otra forma dado el título, en una línea puramente celta. La perfecta evocación de los paisajes de Irlanda en la intro es absoluta, y el enfoque del resto de la composición es acústica al más puro british & irish style. Una composición de notable factura para poner un digno cierre a Get Lucky, el nuevo álbum en solitario de un MARK KNOPFLER que se mantiene cómodo en su línea de fuerte aproximación música de raíces, y ofreciendo álbumes que, aunque lejos de convertirse en clásicos, tienen sus pasajes interesantes. Como los tiene Get Lucky, y como seguramente los tendrá el próximo, aunque nada memorable sea de esperar ya a estas alturas y la cosa no deje de recordarnos aquel chiste de “aquí no hace ni frío ni calor: Cero grados”.

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